
Historias
Al observar el entorno, me voy dando cuenta como todo se va transformando, como la mente tan debil es tomada por los nuevos estereotipos, como aun sigue el condicionamiento, pero hoy en dia es algo mas silencioso, nos va tomando por sorpresa quizas hasta no nos deje decidir de la forma correcta, forma que todos sabemos cual es, pero no queremos mirarla, porque es evidente que nuestra imagen se ve corrompida, tememos ser nada, vivimos una vida de gusto en vez de una vida de consciencia plena hacia el todo, hacia nosotros mismos. La facilidad de poder ser lo que uno quiera esta al alcanze de todos, pero aun seguimos errando, aun no nos damos cuenta? o sera que no queremos hacerlo?. Estamos aun en las viejas ideologias solo que hoy le damos otros nombres, pero siguen siendo lo mismo. Creemos tener sensibilidad, pero somos tan egoistas, tenemos tantas mascaras, que ya ni sabemos lo que somos.
Continuamos con las historias...
LA IDENTIFICACIÓN
¿POR QUÉ OS identificáis con otra persona, con un grupo, con un país? ¿Por qué os llamáis cristianos, hindúes, budistas, o por qué pertenecéis a alguna de las innumerables sectas? Religiosa y políticamente uno se identifica con este o aquel grupo por tradición o hábito, por impulso, prejuicio, imitación y pereza. Esta identificación pone término a toda comprensión creadora, y entonces uno llega a ser un mero instrumento en manos de un partido, del sacerdote o del líder favorito.
El otro día alguien dijo que él era un “Krishnamurtiano”, mientras que fulano pertenecía a otro grupo. Al decir eso, era completamente inconsciente de las implicaciones de esa identificación. No se trataba en modo alguno de un tonto; era instruido, culto y todo lo demás. Ni era tampoco sentimental o impresionable; por el contrario, era claro y definido.
¿Por qué había llegado a ser un “Krishnamurtiano”? Había seguido a otros, había pertenecido a fastidiosos grupos y organizaciones, y finalmente se encontró identificado con esta particular persona. Por lo que decía, parecía que su viaje había ya concluido. Había tomado una posición y eso era el fin de la cuestión; había elegido y nada podía hacerlo vacilar. Ahora podía confortablemente recogerse y seguir afanosamente todo lo que se había dicho y lo que se diría.
Cuando nos identificamos con otro, ¿es eso un indicio de amor? ¿La identificación implica experimentación? ¿No pone la identificación término al amor y al experimento? La identificación, ciertamente, es posesión, la aserción de propiedad; y la propiedad niega el amor, ¿no es así? Poseer es estar seguro; la posesión es defensa, es hacerse invulnerable. En la identificación hay resistencia, ya sea grosera o sutil; ¿Y es el amor una forma de resistencia autoprotectora? ¿Hay amor cuando hay defensa?
El amor es vulnerable, flexible, receptivo; es la más alta forma de sensibilidad, y la identificación conduce a la insensibilidad. Identificación y amor no pueden ir juntos, pues el uno destruye al otro. La identificación es esencialmente un proceso de pensamiento por medio del cual la mente se protege y expande; y en el llegar a ser algo ella necesita resistir y defender, necesita poseer y descartar. En este proceso de devenir, la mente o el “yo” se hace cada vez más tenaz y más capaz; pero esto no es amor. La identificación destruye la libertad, y únicamente en la libertad puede existir la más alta forma de sensibilidad.
¿Debe haber identificación para experimentar? El mismo acto de la identificación ¿no pone término al inquirir, al descubrir? La felicidad que brinda la verdad no puede existir si no hay experimentación en el autodescubrimiento. La identificación pone término al descubrimiento; es otra forma de pereza. La identificación es un sustituto de la experiencia, y es por lo tanto completamente falsa.
Para experimentar, toda identificación debe cesar. Para hacer un experimento no debe haber miedo. El temor impide la experiencia. Es el miedo que conduce a la identificación —identificación con otro, con un grupo, con una ideología, etc. El temor necesita resistir, suprimir; y en un estado de autodefensa, ¿cómo es posible aventurarse en el incierto mar? La verdad o la felicidad no pueden advenir sin emprender la jornada en los caminos del «yo”, No podréis viajar lejos si estáis anclados. La identificación es un refugio. Un refugio requiere protección, y aquello que es protegido pronto es destruido. La identificación acarrea su propia destrucción, y de ahí el constante conflicto entre las diversas identificaciones.
Cuanto más luchamos a favor o en contra de la identificación, tanto mayor es la resistencia a la comprensión. Si uno se da cuenta del total proceso de la identificación, externa tanto como interna, si uno percibe que su expresión exterior es proyectada por la demanda interior, entonces hay una posibilidad de descubrimiento y felicidad. Aquel que se ha identificado a sí mismo jamás puede conocer la libertad, en la cual únicamente toda verdad se revela.
¡QUÉ PARECIDO SINGULAR tienen entre sí el parloteo y el desasosiego! Ambos son el resultado de una mente agitada. Una mente agitada debe tener una cambiante variedad de expresiones y acciones, debe estar ocupada; debe tener sensaciones siempre nuevas y más fuertes, intereses pasajeros; y el parloteo contiene los elementos de todas estas cosas.
El parloteo es la misma antítesis de la intensidad y de la seriedad. Hablar de otro, ya sea en forma agradable o viciosa, no es más que una evasión de sí mismo, y la evasión siempre es la causa de la agitación. La evasión por su propia naturaleza es agitación. Parece que la mayoría de la gente gusta ocuparse de los asuntos ajenos, y este interés se revela en la lectura de innumerables revistas y diarios, con sus chismosas columnas, sus narraciones de crímenes, divorcios, etc.
Como nos preocupamos por lo que otros piensan de nosotros, también ansiamos saber todo lo que se relaciona con los demás; y de ahí provienen todas las manifestaciones burdas o sutiles del snobismo y del culto a la autoridad. Así nos volvemos más y más exteriorizados e interiormente vacíos. Cuanto más nos volvemos hacia lo exterior, más sensaciones y distracciones necesitamos, y esto engendra una mente que nunca está quieta, que no es capaz de honda búsqueda y descubrimiento.
El parloteo es la expresión de una mente agitada; pero estar meramente en silencio no indica una mente tranquila. La tranquilidad no surge con la abstinencia o la negación ella adviene con la comprensión de lo que es. Para comprender lo que es se requiere una alerta percepción, porque lo que es, no es estético.
Si no tuviésemos preocupaciones, la mayoría de nosotros sentiríamos como si no estuviéramos viviendo; estar luchando con un problema es para la mayoría de nosotros un indicio de existencia. No podemos imaginarnos la vida sin un problema y cuanto más ocupados estamos con un problema, tanto más creemos que estamos alerta. La constante tensión sobre un problema que el mismo pensamiento ha creado, sólo embota la mente, haciéndola insensible y produciéndole cansancio.
¿Por qué esta incesante preocupación con un problema? ¿Acaso el atormentarse resolverá el problema? ¿O bien surge la respuesta al problema sólo cuando la mente está quieta? Pero para la mayoría de la gente, una mente quieta es cosa bastante temible; tienen terror a la quietud, porque nadie sabe lo que puede descubrir en sí mismo, y el desasosiego constituye un preventivo. Una mente que tiene miedo de descubrir debe siempre estar a la defensiva, y la agitación es su defensa.
Por medio de una constante tensión, el hábito y la influencia de las circunstancias, las capas conscientes de la mente se tornan agitadas e incansables. La existencia moderna favorece esta actividad superficial y las distracciones, lo que constituye otra forma de autodefensa. La defensa es resistencia, y ésta impide la comprensión.
El desasosiego, al igual que el parloteo, tiene la apariencia de la intensidad y de la seriedad; pero si lo observamos más atentamente, veremos que proviene de la atracción y no de la seriedad. La atracción es siempre cambiante, y es por esto que los objetos del parloteo y del desasosiego continuamente cambian. El cambio es meramente continuidad modificada. El parloteo y el desasosiego sólo pueden terminar cuando la agitación de la mente es comprendida. Mera abstinencia, control o disciplina no sólo no crearán tranquilidad, sino que embotarán la mente, haciéndola insensible y confinada.
La curiosidad no conduce a la comprensión. La comprensión adviene con el conocimiento propio. El que sufre no es curioso; y la simple curiosidad con sus especulativas modalidades, es un impedimento para el conocimiento propio. La especulación, como la curiosidad, es indicio de agitación; y una mente agitada, por muy hábil que sea, destruye la comprensión y la felicidad.
El otro día alguien dijo que él era un “Krishnamurtiano”, mientras que fulano pertenecía a otro grupo. Al decir eso, era completamente inconsciente de las implicaciones de esa identificación. No se trataba en modo alguno de un tonto; era instruido, culto y todo lo demás. Ni era tampoco sentimental o impresionable; por el contrario, era claro y definido.
¿Por qué había llegado a ser un “Krishnamurtiano”? Había seguido a otros, había pertenecido a fastidiosos grupos y organizaciones, y finalmente se encontró identificado con esta particular persona. Por lo que decía, parecía que su viaje había ya concluido. Había tomado una posición y eso era el fin de la cuestión; había elegido y nada podía hacerlo vacilar. Ahora podía confortablemente recogerse y seguir afanosamente todo lo que se había dicho y lo que se diría.
Cuando nos identificamos con otro, ¿es eso un indicio de amor? ¿La identificación implica experimentación? ¿No pone la identificación término al amor y al experimento? La identificación, ciertamente, es posesión, la aserción de propiedad; y la propiedad niega el amor, ¿no es así? Poseer es estar seguro; la posesión es defensa, es hacerse invulnerable. En la identificación hay resistencia, ya sea grosera o sutil; ¿Y es el amor una forma de resistencia autoprotectora? ¿Hay amor cuando hay defensa?
El amor es vulnerable, flexible, receptivo; es la más alta forma de sensibilidad, y la identificación conduce a la insensibilidad. Identificación y amor no pueden ir juntos, pues el uno destruye al otro. La identificación es esencialmente un proceso de pensamiento por medio del cual la mente se protege y expande; y en el llegar a ser algo ella necesita resistir y defender, necesita poseer y descartar. En este proceso de devenir, la mente o el “yo” se hace cada vez más tenaz y más capaz; pero esto no es amor. La identificación destruye la libertad, y únicamente en la libertad puede existir la más alta forma de sensibilidad.
¿Debe haber identificación para experimentar? El mismo acto de la identificación ¿no pone término al inquirir, al descubrir? La felicidad que brinda la verdad no puede existir si no hay experimentación en el autodescubrimiento. La identificación pone término al descubrimiento; es otra forma de pereza. La identificación es un sustituto de la experiencia, y es por lo tanto completamente falsa.
Para experimentar, toda identificación debe cesar. Para hacer un experimento no debe haber miedo. El temor impide la experiencia. Es el miedo que conduce a la identificación —identificación con otro, con un grupo, con una ideología, etc. El temor necesita resistir, suprimir; y en un estado de autodefensa, ¿cómo es posible aventurarse en el incierto mar? La verdad o la felicidad no pueden advenir sin emprender la jornada en los caminos del «yo”, No podréis viajar lejos si estáis anclados. La identificación es un refugio. Un refugio requiere protección, y aquello que es protegido pronto es destruido. La identificación acarrea su propia destrucción, y de ahí el constante conflicto entre las diversas identificaciones.
Cuanto más luchamos a favor o en contra de la identificación, tanto mayor es la resistencia a la comprensión. Si uno se da cuenta del total proceso de la identificación, externa tanto como interna, si uno percibe que su expresión exterior es proyectada por la demanda interior, entonces hay una posibilidad de descubrimiento y felicidad. Aquel que se ha identificado a sí mismo jamás puede conocer la libertad, en la cual únicamente toda verdad se revela.
EL PARLOTEO Y EL DESASOSIEGO
¡QUÉ PARECIDO SINGULAR tienen entre sí el parloteo y el desasosiego! Ambos son el resultado de una mente agitada. Una mente agitada debe tener una cambiante variedad de expresiones y acciones, debe estar ocupada; debe tener sensaciones siempre nuevas y más fuertes, intereses pasajeros; y el parloteo contiene los elementos de todas estas cosas.
El parloteo es la misma antítesis de la intensidad y de la seriedad. Hablar de otro, ya sea en forma agradable o viciosa, no es más que una evasión de sí mismo, y la evasión siempre es la causa de la agitación. La evasión por su propia naturaleza es agitación. Parece que la mayoría de la gente gusta ocuparse de los asuntos ajenos, y este interés se revela en la lectura de innumerables revistas y diarios, con sus chismosas columnas, sus narraciones de crímenes, divorcios, etc.
Como nos preocupamos por lo que otros piensan de nosotros, también ansiamos saber todo lo que se relaciona con los demás; y de ahí provienen todas las manifestaciones burdas o sutiles del snobismo y del culto a la autoridad. Así nos volvemos más y más exteriorizados e interiormente vacíos. Cuanto más nos volvemos hacia lo exterior, más sensaciones y distracciones necesitamos, y esto engendra una mente que nunca está quieta, que no es capaz de honda búsqueda y descubrimiento.
El parloteo es la expresión de una mente agitada; pero estar meramente en silencio no indica una mente tranquila. La tranquilidad no surge con la abstinencia o la negación ella adviene con la comprensión de lo que es. Para comprender lo que es se requiere una alerta percepción, porque lo que es, no es estético.
Si no tuviésemos preocupaciones, la mayoría de nosotros sentiríamos como si no estuviéramos viviendo; estar luchando con un problema es para la mayoría de nosotros un indicio de existencia. No podemos imaginarnos la vida sin un problema y cuanto más ocupados estamos con un problema, tanto más creemos que estamos alerta. La constante tensión sobre un problema que el mismo pensamiento ha creado, sólo embota la mente, haciéndola insensible y produciéndole cansancio.
¿Por qué esta incesante preocupación con un problema? ¿Acaso el atormentarse resolverá el problema? ¿O bien surge la respuesta al problema sólo cuando la mente está quieta? Pero para la mayoría de la gente, una mente quieta es cosa bastante temible; tienen terror a la quietud, porque nadie sabe lo que puede descubrir en sí mismo, y el desasosiego constituye un preventivo. Una mente que tiene miedo de descubrir debe siempre estar a la defensiva, y la agitación es su defensa.
Por medio de una constante tensión, el hábito y la influencia de las circunstancias, las capas conscientes de la mente se tornan agitadas e incansables. La existencia moderna favorece esta actividad superficial y las distracciones, lo que constituye otra forma de autodefensa. La defensa es resistencia, y ésta impide la comprensión.
El desasosiego, al igual que el parloteo, tiene la apariencia de la intensidad y de la seriedad; pero si lo observamos más atentamente, veremos que proviene de la atracción y no de la seriedad. La atracción es siempre cambiante, y es por esto que los objetos del parloteo y del desasosiego continuamente cambian. El cambio es meramente continuidad modificada. El parloteo y el desasosiego sólo pueden terminar cuando la agitación de la mente es comprendida. Mera abstinencia, control o disciplina no sólo no crearán tranquilidad, sino que embotarán la mente, haciéndola insensible y confinada.
La curiosidad no conduce a la comprensión. La comprensión adviene con el conocimiento propio. El que sufre no es curioso; y la simple curiosidad con sus especulativas modalidades, es un impedimento para el conocimiento propio. La especulación, como la curiosidad, es indicio de agitación; y una mente agitada, por muy hábil que sea, destruye la comprensión y la felicidad.
Autor : Jiddu Krishnamurti
Foto : mind by =detail24 on Deviantart
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